Leonora Carrington heredó a México la magia de su poesía, pintura y escultura



Leonora Carrington es un modelo excepcional de una mujer creadora, libre, ligada al corazón de la vanguardia surrealista que asumió el entorno mexicano desde su llegada en la década de los cuarenta hasta el día de su deceso (25 de mayo de 2011).

La Secretaría de Cultura y el Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) recuerdan a la pintora, escultora y escritora, quien además de ser pieza importante en el surrealismo, poseía un enorme conocimiento literario, ya que en su obra hay múltiples referencias tanto a los mitos de civilizaciones antiguas como a las leyendas celtas con las que creció en su natal Inglaterra.

A diferencia de otros artistas que esperaban volver a Europa terminando la guerra, Leonora Carrington se asimiló al contexto mexicano, echó raíces, de ahí que su trabajo haya conservado el espíritu de la vanguardia surrealista, pero también el reflejo del entorno que la recibió.

Tras su llegada a México, en la década de los cuarenta, donde produjo la mayor parte de su obra (aproximadamente 200 cuadros y 68 esculturas además de varias litografías, también generó obra en la literatura, ilustración, vestuario, escenografía y telar), Leonora Carrington estableció una fuerte amistad con artistas exiliados, entre ellos Kati y José Horna, Benjamin Peret, Remedios Varo y Emerico Chiki Weisz —con quien se casaría en 1946—, quienes representaron un vínculo con las vanguardias europeas y una contraposición a la estética nacionalista, aún imperante en esa época.

El contacto con artistas surrealista europeos fue determinante en su trabajo artístico, ya que le permitió explorar nuevos modos de percepción para dar forma a sus ideas y recuerdos de infancia.

Autora de obras como La giganta (1947); Autorretrato (1937, colección del Met), Down Below (1940), Are you really serious? (1953), en literatura La corneta acústica (1974), El séptimo caballo y otros cuentos (1992), así como La casa del miedo: memorias de abajo (1992), encontramos gnomos, duendes, gigantes y fantasmas como parte de sus personajes míticos y fantásticos.

Para la directora del Museo Mural Diego Rivera y el Casa Estudio Diego Rivera y Frida Kahlo, Marisol Argüelles, la importancia de Leonora Carrington “radica en haber impulsado en México un nuevo panorama artístico fuera del programa oficial que los artistas de la Escuela Mexicana llevaban promoviendo durante casi tres décadas.

“Si bien el proyecto artístico y cultural de la posrevolución fue fundamental para sentar las bases de la modernidad mexicana, al integrar ciertos elementos de vanguardia con referencias al vocabulario de lo nacional, la llegada de artistas como Leonora Carrington renovó no solo una parte de la producción artística, sino el proceso de construcción de la obra de arte, liberándola de la necesidad u obligación de llevar siempre un mensaje, para enfocarse en un proceso más íntimo”, agrega.

El Museo de Arte Moderno del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (INBAL) cuenta con una selección en su acervo, la cual comprende obras como Reflection on the oracle (1959), The Jurgers y The three ratcomin (1974) y las esculturas Cuculati y Blind crow tree, entre otras.

La pintora inglesa, nacionalizada mexicana, nació en 1917, en Clayton Green, Lancashire, Inglaterra, y entre los reconocimientos que obtuvo destacan el Premio Nacional de Bellas Artes y nombrada Ciudadana de Honor de México en 2005, así como el Premio Nacional de Ciencias y Artes; en 2009 obtuvo la Medalla Sor Juana Inés de la Cruz de la Universidad del Claustro de Sor Juana, entre otros reconocimientos.